Tres canciones, me llevo una, le aplicamos logaritmo neperiano de pi, raíz cúbica y el producto lo multiplicamos por dos, lo dividimos por ejemplo y lo dejamos en remojo unos 40 minutos, a fuego lento, poco antes de despejar la X,  rematar de cabeza la Y, achicar espacios y obtener la derivada sodomizando al mínimo común divisor. El resultado es éste pero podría ser cualquier otro.

La elección de Raúl

MASTRETTA – LUNA DE MIEL

Ulula el theremín intrigante y lo hará durante toda la canción, envolviendo misterioso a Julieta Venegas. La mexicana pone la voz y el multiinstrumentista Nacho Mastretta todo lo demás. Este tío de Barcelona y cántabro de adopción es un tipo interesante que tira hacia el jazz, hace discos instrumentales, bandas sonoras, produce a Josele Santiago, se arropa de voces femeninas en algún álbum propio y se le ha visto en las esquinas de Madrid tocando el clarinete por divertimento.

La letra es blandita: habla de hoteles, anocheceres, cielos, bañeras que se desbordan y romanticismos varios en hábitats bucólicos. Pero también hay reproches y rifirrafes, sobre todo cuando Venegas entona esa expresión tan sudamericana de “tú me rompes la cabeza” y luego asesta demoledora un “yo te parto el corazón”. En fin, una relación de las de toda la vida diseccionada longitudinalmente, con desencuentros, despertadores, nimiedades, al fin y al cabo, hasta que el estribillo nos reconcilia con la luna de miel. Pelea y reconciliación cierran el ciclo infinito. “Tú me llevas a Inglaterra, yo te llevo a Gibraltar”, dice la letra, recordando que, en el fondo, al final va a resultar que estamos hechos el uno para el otro. Nada que no resista un jacuzzi y una suite nupcial. Y un theremín que sigue sonando, mientras Mastretta, una vez más, recoge gorra, monedas y clarinete para huir de la autoridad en la madrileña calle Preciados.

La elección de V the Wanderer

LOS PEKENIKES – TREN TRANSOCEÁNICO A BUCARAMANGA

Titulazo y alusión viajera para un tema que sería recomendable aún sin esos dos grandes pluses. Los Pekenikes son la Deuda, el grupo que debería nombrarse más y que tiene su modesto y silente pedacito de historia de la música en este país; ‘Tren transoceánico a Bucaramanga’ es una muestra redonda de sus virtudes.

Tiene un aire así como trotón, alegre y despreocupadamente místico, de hacer convivir la falsa inocencia de sus tiempos con un viaje de peyote. Las trompetas van soltando sus nubes de vapor, la maquinaria rueda y rueda y Bucaramanga va quedando un poquito más cerca. El piano marca unos calambres buenos y entra una radiante base de guitarra y una flauta revoltona. ¿No es la música algo maravilloso?

La intrahistoria del grupo da de sí, con cambios de formación, traiciones y tránsfugas en la sombra (ahí estaba Taranto’s), y además fueron teloneros de los Beatles en su aventura hispana. Pero, por encima de todo, Los Pekenikes merecen ser mentados por parir temazos como este, virguería instrumental de cuidadísimos arreglos a la que sólo se le puede achacar, por ponernos tontos, no tener un cierre más contundente.

La Inercia, por su parte, paga su Deuda.

La elección de Withor

VIOLADORES DEL VERSO – EN EL ROLLO

‘No soporto el rap’, rapeaba el maestro Sabina, y yo le daba la razón mientras rapeaba al ritmo de su ¿¿¿flow??? Da igual, no soporto el rap, y no sé cuales son las diferencias entre el rap y el hip-hop, y sinceramente, ni me interesa, porque no me gusta. Por eso, no puedo sino sorprenderme a mi mismo cuando me veo a mi mismo rapeando -intentándolo, al menos- esta canción, en mi coche, mientras suelto el volante y mi voz se acompaña de gestos macarras que posiblemente, por no decir con total seguridad, dan mucha rabia.

Pero, insisto, no puedo evitarlo. Y no sé bien porque. Me encanta el ritmo de ‘En el rollo’, pese a que es monótono y no especialmente diferentre de otras canciones del mismo patrón. Me gustan -y me vuelvo a sorprender a mí mismo- las distintas voces de cada uno de los ¿¿¿cantantes??? de esta joya. Distingo tonalidades, ritmos y matices como nunca antes había hecho, por falta de interés.

Pero, por encima de todo, me gusta la letra, macarra, juvenil y lo reconozco, estúpida. Me gustan las alusiones a las niñas, a los porros y a ser más chulos que la policia. Canto y me lo creo, pese a que estoy seguro que si algún día voy al Rollo y veo algo así, me entrarían ganas de vomitar. Todo es, en sí, un gran misterio. Existe otra opción. Y es que adore esta canción por su apoteósico final. ‘Yo me voy a la mierdaaaa, ¿Y tu dónde vas? Culito sexy’. Poesía de cuarta divisón, cosas que nunca dirías a una chica ni en tus momentos más bajos. Y sin embargo, ahí estoy yo, dejándome la garganta mientras mis manos olvidan que mi seguridad dependen de que se mantengan fijas en el volante.